Depresión infantil: principales síntomas

Muchas veces nos hacemos la pregunta de si es posible que un niño sufra depresión. Estamos culturalmente definidos a pensar que la Depresión y la niñez son dos conceptos mutuamente excluyentes, pues los niños son intrínsecamente felices y nunca podrían tener razones para sufrirla. Sin embargo, la Depresión infantil sí existe y muchas veces es muy complicada de diagnosticar porque su sintomatología puede parecerse a la de otros trastornos que se dan con mayor frecuencia.

Si nos remitimos al Manual Diagnóstico más utilizado en psicología, el DSM (IV ó V) veremos que no se establece casi ninguna diferencia entre la depresión infantil y la que se da en adultos, salvo que en niños se añade irritabilidad. Sin embargo, los psicólogos infantiles no solemos utilizar esta clasificación, pues no se basa en muchas investigaciones en población infantil y no resulta lo suficientemente precisa para poder reconocer una depresión infantil.

Cómo reconocerla

La depresión infantil tiene una sintomatología muy variada. Un apunte muy importante es que en niños suele cursar con síntomas exteriorizantes, e.d. reacciones hacia el mundo, hacia los demás, y en las niñas son más típicos los síntomas interiorizantes, e.d. hacia uno mismo, de caracter intravertido.

depresión infantil Síntomas

Tal es la magnitud a veces que cuando se cursa con agresividad, suelen recibir un diagnóstico de algún tipo de Trastorno de Conducta, por muy poco acertado que sea en estos casos. En próximas entradas vamos a ahondar más en este punto tan importante, aquí nos centraremos en comunicar los síntomas más frecuentes que pueden ser compartidos por sexo. Aparte de esto último hay que tener en cuenta que estos síntomas pueden darse en cualquier combinación y no necesariamente tienen que darse todos:

  • Estado de ánimo triste e irritable
  • Pérdida de interés o placer en actividades que antes se disfrutaban
  • Aburrimiento crónico o apatía
  • Retraimiento, aislamiento social y poca comunicación
  • Falta de interés en jugar o relacionarse con amigos
  • Dificultad en mantener relaciones
  • Quejas de problemas físicos vagos, no específicos (dolores de cabeza, estómago)
  • Signos físicos de agitación o letargo excesivo, y pérdida de energía
  • Dificultad para dormir, o dormir demasiado
  • Cambio significativo en el apetito y en el peso corporal (en cualquier dirección)
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa sin fundamento claro
  • Demasiada sensibilidad hacia el rechazo o el fracaso
  • Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio
  • Temor excesivo o preocupación de la muerte
  • Dificultad de concentración
  • Negativas de asistir a la escuela o ansiedad de separación excesiva
  • Ausencia frecuente de la escuela
  • Rendimiento escolar que no se corresponde con el esperado para el niño
  • Explosiones de gritos, quejas, irritabilidad sin explicación, o llantos
  • Rabietas inusuales,  conductas de oposición
  • Comportamientos peligrosos, temerarios o arriesgados
  • Regresión (comportamientos infantiles, volver a mojarse o ensuciarse después de haber aprendido a hacer sus necesidades en el baño)

La depresión infantil es una realidad que los profesionales de la salud mental conocemos y a pesar de que es sólo en las últimas décadas que ha sido foco de atención de la investigación psicológica, conocemos bien todo lo relacionado con su aparición, su sintomatología y su tratamiento. Por ello es muy importante que éstos niños reciban la ayuda necesaria para poder seguir su vida adelante sin sufrimiento y con posibilidades de ser felices.

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