niño de altas capacidades

A imagen y semejanza de un niño de altas capacidades

Tener un niño de altas capacidades, no es fácil. Educarle, tampoco. Entender lo que supone, y que lo entiendan los demás, aún menos. Hoy día, la imagen y semejanza que muchas personas tienen de un niño con altas capacidades, es más bien todo lo contrario a lo que se piensa: no tiene por qué no ser un distraído, sus preocupaciones se pueden confundir con TDAH y su supuesta ‘superdotación’ le puede hacer suspender varias asignaturas. 

Niño de altas capacidades

Antes se les llamaba superdotados, ahora niños de altas capacidades. Lo cierto es que tener un niño así no es una desgracia ni una bendición, es realmente un gran reto para sacar todo su potencial. En este contexto, El País (obviando el título) publicó en abril de 2018 un artículo que resume muy bien el lado más oculto de los niños con altas capacidades. Eva Bailén hace un análisis muy acertado en su artículo sobre un niño de altas capacidades.

‘Superdotados’

“Antes les llamaban superdotados, ahora cada vez menos. Se ha dejado de usar el término superdotación y se ha sustituido por el de altas capacidades. Eso sí, no suena tan rimbombante decir “tengo un hijo con altas capacidades” como decir “tengo un hijo superdotado”. El estereotipo al respecto nos hace una representación mental de un niño, con gafas, con el pelo engominado, muy redicho, sin interés por jugar, y capaz de aprendérselo todo el solito. Lamentablemente, se piensa menos en las niñas al hablar de alta capacidad, no porque sean menos listas, sino porque tienden a pasar desapercibidas.

Estereotipación

“Lo cierto es que los niños y niñas con altas capacidades no encajan habitualmente en ese estereotipo. Así que muchas veces cuesta reconocerlos. A los padres, en ocasiones, se les enciende una alarma con algunas de las manifestaciones que la alta capacidad demuestra en sus peques: preguntas que no saben cómo han llegado a plantearse, preocupaciones exageradas por la muerte, razonamientos muy complicados para su edad, precocidad al aprender a leer, una creatividad descomedida, perfeccionismo, habilidades innatas para ciertas tareas o disciplinas con las que el padre o la madre mismos no se identifican, o sí”.

“Por otro lado, parece que todos estos signos se desmoronan, porque uno cuando piensa en ese prototipo de niño o niña “super”, no se espera que sus notas no sean todas de diez, que no se coja la enciclopedia y se la beba con pajita, que se interese por juegos de niños, que se pille una rabieta o que sea tan distraído.

Confusión con TDAH

“Si además en el cole no te acompañan con tus sospechas de las altas capacidades, y más bien te encauzan precisamente por la parte de la distracción, hasta te planteas si la criatura tendrá TDAH. Si nos parece que todo el mundo tiene un hijo con altas capacidades, ya ni te digo con TDAH. Así que como buen padre o madre preocupado te pones a buscar por internet información sobre las dos cosas. Qué difícil, hasta te das cuenta de que se pueden dan las dos circunstancias, incluso tres si incluimos la dislexia, en el mismo individuo. Lo cual te preocupa y te confunde aún más, y te preguntas ¿Qué es lo que tiene mi hijo?”.

Potencial

“Las altas capacidades, y por eso posiblemente se haya dejado de usar el término superdotación, son, como su propio nombre indica, un potencial, una capacidad alta. No son una carga, son una oportunidad de desarrollar la creatividad, de producir ideas originales y diferentes, de destacar en algo en lo que el chico o la chica se interese, de ser capaz de llegar, si tiene la suficiente motivación, tan lejos como quiera. Aquí es donde, desgraciadamente, nos topamos, en multitud de ocasiones, con el sistema educativo. Y eso es algo que los padres de niños y niñas con estas características saben bien, pues es en este contexto donde se encuentran los mayores obstáculos, el dolor y el estigma que se hace sentir a menudo.

Datos

“Estadísticamente debería haber unos 800.000 niños identificados con altas capacidades en nuestras aulas, pero apenas hay 25.000. Según la ley, tienen derecho a medidas de atención a la diversidad, como la aceleración y adaptaciones curriculares, pero cuando llega el momento, esas medidas solo se aplican si el estudiante tiene un dictamen, un informe de una persona con competencia para redactarlo, que lo avale. ¿Qué ocurre entonces? Las cifras de alumnos detectados están lejos de lo que deberían ser, porque el criterio para identificarlos es restrictivo, como si fuera preferible descartarlos, a identificarlos y empoderarlos para que su potencial se desarrolle”.

Estas son algunas de las impresiones que recoge este artículo del que hemos extraído esta información, así que si queréis más datos podéis leerlo por completo en este enlace para tener más información sobre cómo puede ser un niño de altas capacidades.

 

 

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