sobreestimulación en niños

Sobreestimulación en niños: reflexiones en primera persona

Hace tiempo dediqué una entrada a reflexionar sobre la Flexibilización y, hoy, después de haber tenido una cita en el Servicio de Orientación, me han entrado ganas de escribir una segunda, en este caso, sobre la sobreestimulación en niños, concretamente, en mi hijo. Francamente, espero que la serie no se alargue demasiado o, por lo menos, comience a tomar un cariz positivo, porque ya estoy perdiendo muchísimas energías.

Sobreestimulación en niños: el día a día de mi hijo

Empecemos por el principio. Para empezar a hablar de la sobreestimulación en niños, os cuento mis tardes:

Lunes: recojo a mi hijo del cole, vamos a ballet, donde le dejo 15 minutos antes para poder llegar a mi consulta. Le recojo 15 minutos después, porque me tiene que dar tiempo a llegar de consulta y, en las mismas condiciones, le llevo a Karate. Después de Karate, vamos los dos juntos a consulta, y luego ya para casa.

Martes: cambiamos de actividades, toca chino y costura.

Miércoles = Lunes.

Jueves: ¡Bendito jueves! ¡Sólo trabajo, no hay actividades!

Viernes: chino y ajedrez.

Sábado:  lo dedicamos a realizar las actividades del curso que hacemos con la Northwestern University, es un programa específico para niños con Altas Capacidades. El otro detalle es que con él hablamos en tres idiomas. Pero me parece que no es necesario que vaya a clases de inglés si puede ir aprendiendo conmigo.

Relación ‘deseo’ versus ‘obligación’

Lo mejor de todo ¡Toda esa locura me la ha organizado él! Lleva dos años ya pidiéndome las clases de chino. Este año ya no podía poner más excusas… Las Artes Marciales le encantan, lleva dos años y está muy contento. El ballet fue un redescubimiento; la costura una pasión, se pone a coser en casa, ya tengo bolso, estuche…..estoy esperando una chaqueta, pues he adelgazado mucho y las viejas ya no me quedan bien… Y, lo del ajedrez: un amigo iba y quiso probar.

Me extiendo demasiado, pero lo que quería explicar con todo esto es que yo no le obligo a hacer nada de esto. No digo que si se tirara toda la tarde delante de la tele no reaccionaría, sólo que no tengo la necesidad de ello, pues él me demanda esa barbaridad de cosas y las disfruta un montón! Y todas las tardes tenemos un ratito para ir al parque: lo tengo delante de la casa.

Pero en la entrevista de hoy la Orientadora me sentenció: “¡Éste niño está sobreestimulado, cómo quieres que no fuera de Altas Capacidades! Y he aquí lo que pregunto (obviando lo de ¿cómo quieres que no fuera?, yo no quiero o quiero, yo deseo darle lo que necesite y ya está):

Imaginemos un niño con un talento natural e interés por la pintura. Pensaríamos que la profesora tiene un problema si nos dijera: “Pero retírele los materiales que tiene en casa y no le compre más, tampoco lo lleve a clase de dibujo, así sí va a expresar todo su talento!” O la profesora de música diciéndole a una mamá de un niño con talento: “¡No se preocupe, si no se entrena, el talento dura para toda la vida! ¡Es mejor que no practique!” Suena descabellado, ¿verdad?

¿Por qué entonces perdura el viejo mito de que los niños con Altas Capacidades son producto de que los padres les acompañamos (aunque deduzco que esta misma gente cree que les forzamos) en sus intereses?

 

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *